El atractivo del entrenamiento en altitud para deportistas
El entrenamiento en altitud ha fascinado a la comunidad deportiva desde que los Juegos Olímpicos de México 1968, celebrados a más de dos mil doscientos metros sobre el nivel del mar, evidenciaron las ventajas competitivas de los atletas aclimatados a la altura. Desde entonces, innumerables deportistas de élite han incorporado estancias en altitud como parte fundamental de su preparación, buscando las adaptaciones fisiológicas que esta práctica puede provocar.
Sin embargo, el entrenamiento en altitud no es una solución mágica ni resulta igualmente beneficioso para todos los deportistas. Comprender los mecanismos fisiológicos implicados, los protocolos más efectivos y las precauciones necesarias es fundamental para decidir si esta estrategia merece un lugar en la planificación deportiva individual.
Qué ocurre en el cuerpo cuando se entrena en altitud
A medida que se asciende, la presión atmosférica disminuye y con ella la presión parcial de oxígeno en el aire inspirado. A dos mil quinientos metros de altitud, la cantidad de oxígeno disponible es aproximadamente un veinticinco por ciento menor que a nivel del mar. Esta reducción obliga al organismo a poner en marcha una serie de mecanismos compensatorios que, con el tiempo suficiente, mejoran la capacidad de transportar y utilizar el oxígeno.
La respuesta más conocida es el aumento en la producción de eritropoyetina, la hormona que estimula la fabricación de glóbulos rojos. Más glóbulos rojos significan mayor capacidad para transportar oxígeno desde los pulmones hasta los músculos activos. Pero las adaptaciones van mucho más allá: aumenta la densidad capilar muscular, mejora la eficiencia mitocondrial y se optimizan los sistemas enzimáticos encargados del metabolismo aeróbico.
Protocolos de entrenamiento en altitud
Existen tres protocolos principales que los deportistas utilizan para aprovechar los beneficios de la altitud. El modelo clásico de vivir alto y entrenar alto consiste en establecerse en una localización elevada durante varias semanas, realizando allí todas las sesiones de entrenamiento. Su principal ventaja es la exposición continua a la hipoxia, pero tiene el inconveniente de limitar la intensidad de los entrenamientos debido a la menor disponibilidad de oxígeno.
El modelo vivir alto y entrenar bajo surgió como alternativa para resolver esta limitación. Los deportistas duermen a altitudes elevadas para estimular las adaptaciones hematológicas, pero descienden a cotas más bajas para realizar las sesiones de alta intensidad sin las restricciones impuestas por la hipoxia. Este protocolo, desarrollado en la década de los noventa, es actualmente el más utilizado por equipos profesionales y centros de alto rendimiento.
El tercer modelo, entrenar alto y vivir bajo, utiliza sesiones específicas en altitud simulada mediante máscaras o cámaras hipobáricas mientras el deportista mantiene su residencia habitual. Aunque es el más accesible y económico, la evidencia sobre su eficacia es menos concluyente que la de los dos protocolos anteriores.
Duración y altitud óptimas
La investigación científica sugiere que las estancias en altitud deben prolongarse un mínimo de tres semanas para producir adaptaciones significativas, siendo el rango ideal entre cuatro y seis semanas. Las altitudes más recomendadas se sitúan entre dos mil y dos mil quinientos metros, un rango que proporciona un estímulo hipóxico suficiente sin comprometer excesivamente la calidad del entrenamiento ni la recuperación.
Altitudes superiores a tres mil metros aumentan el riesgo de mal agudo de montaña y pueden provocar un deterioro del sueño, pérdida de apetito y supresión inmunológica que contrarrestan los beneficios buscados. La respuesta individual a la altitud varía enormemente, por lo que algunos deportistas obtienen beneficios significativos mientras que otros experimentan adaptaciones mínimas o incluso efectos negativos.
Deportes que más se benefician
Las disciplinas de resistencia son las que más provecho obtienen del entrenamiento en altitud. Corredores de fondo y medio fondo, ciclistas, esquiadores de fondo, triatletas y nadadores de distancia constituyen los principales usuarios de esta estrategia. La mejora en el transporte de oxígeno tiene un impacto directo sobre el rendimiento en actividades donde el sistema aeróbico es el motor principal.
No obstante, algunos deportes de equipo también han comenzado a incorporar estancias en altitud como parte de sus pretemporadas. Equipos de fútbol, rugby y baloncesto realizan concentraciones en localidades elevadas buscando mejorar la base aeróbica de sus jugadores, aunque los beneficios en estos casos son menos pronunciados y más difíciles de cuantificar. Para mejorar la resistencia cardiovascular sin recurrir a la altitud, existen alternativas igualmente efectivas.
Riesgos y contraindicaciones
El entrenamiento en altitud no está exento de riesgos. El mal agudo de montaña puede aparecer en las primeras horas de exposición y provoca cefaleas, náuseas, fatiga extrema y alteraciones del sueño. En casos graves, puede evolucionar hacia edema pulmonar o cerebral de altitud, situaciones potencialmente mortales que requieren descenso inmediato.
Las personas con patologías cardíacas, pulmonares o hematológicas deben consultar con su médico antes de plantearse entrenar en altitud. También conviene saber que la nutrición deportiva adecuada cobra especial importancia en altura, ya que las necesidades de hierro y antioxidantes se incrementan significativamente durante la aclimatación.
Alternativas tecnológicas a la altitud natural
Las cámaras y tiendas de hipoxia permiten simular las condiciones de altitud sin necesidad de desplazarse a la montaña. Estos dispositivos reducen la concentración de oxígeno del aire interior hasta simular altitudes de hasta cinco mil metros, permitiendo dormir o realizar ejercicio en condiciones de hipoxia controlada desde cualquier ubicación.
Las máscaras de entrenamiento en altitud, por el contrario, no simulan realmente las condiciones de altitud. Estos dispositivos simplemente restringen el flujo de aire, lo que entrena los músculos respiratorios pero no genera las adaptaciones hematológicas asociadas a la hipoxia real. Es importante distinguir entre ambas tecnologías para no generar expectativas infundadas.
Planificación del retorno a nivel del mar
El momento del regreso a nivel del mar es tan importante como la propia estancia en altitud. Las adaptaciones hematológicas alcanzan su pico entre el tercer y quinto día tras el descenso, por lo que las competiciones deberían programarse dentro de esa ventana temporal. Después de la primera semana, los beneficios comienzan a diluirse progresivamente hasta desaparecer por completo en torno al mes.


